CAPÍTULO 8: Trabajos de integración: leer para estudiar

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Este capítulo

En el primer capítulo de este libro explicamos que hay un modo particular de leer los textos de estudio superiores. En el resto de los capítulos hemos desarrollado algunas es­trategias para comprender mej or los textos y poder hacer esa lectura reflexiva y crítica que habíamos mencionado en el primer capítulo. En este último mostramos ejemplos de cómo leer integrando esas estrategias.

Trabajos prácticos de integración

Tenga en cuenta los siguientes puntos:

  • En los trabajos de este capítulo, los textos son más extensos que en los anteriores, porque el objetivo es integrar lo que se hizo en cada uno de esos capítulos previos. Por eso usted encontra­rá que muchas de las preguntas y consignas son semejantes a las que ya resolvió.
  • Para facilitar la tarea, en cada pregunta hemos colocado entre paréntesis qué capítulo de este libro se puede consultar si fuera necesario.
  • Las preguntas y consignas no agotan de ninguna manera las dificultades de cada texto. Sólo pretenden desarrollar una práctica de lectura que responda a las exigencias de los estudios supe­riores.
  • Recomendamos numerar los párrafos en el margen de todos los textos.

Trabajo Práctico n° 1

1. No lea todavía el texto completo. Deténganse en el paratexto (ver Capítulo 2) para extraer
información y anote en su cuaderno o carpeta:

a) ¿Cuál cree que es el tema del texto? Anote varios temas posibles para verificarlos después.

b) ¿Sabe algo de esos temas? Anote lo que recuerde.

c) ¿A qué libro pertenece el texto? ¿A qué capítulo? ¿Quién es el autor?

2. Haga una primera lectura del texto y luego léalo nuevamente para contestar las preguntas que están a continuación.

El liberalismo

El liberalismo postula que la razón del individuo constituye el fundamento para organizar las relaciones entre los hombres, y entre ellos y el mercado. En política implica el contractualismo o constitucionalismo -incluyendo los principios de representación de los ciudadanos y la separación y limitación de los poderes- y en economía el mercado libre. En ambos casos la clave reside en el derecho de propiedad. Éste es sagrado, es la razón de ser del Estado y el elemento que confiere autonomía real a cada individuo. El liberalismo es, en definitiva, el sistema y la ideología que garantizan la libertad en todas sus dimensiones y hace del indivi­duo el centro de la sociedad.

En todas las variantes del liberalismo existe una concepción definida del hombre y de la sociedad. Los elementos de la misma son: 1) es individualista, en tanto afirma la primacía de la persona frente a las exigencias de cualquier colectividad social; 2) es igualitaria, porque confiere a todos los hombres el mismo estatus moral, y niega la aplicabilidad, dentro de un orden político o legal de diferencias entre lo seres humanos; 3) es universalista, ya que afirma la unidad moral de la especie humana y concede una importancia secundaria a las asociaciones históricas específicas (por ejemplo, la nación); 4) es progresista, por su creencia en la posibilidad de mejoramiento de cualquier institución social y política. La tradición liberal ha buscado justificación en muy diversas filosofías. Las afirmaciones políti­cas y morales del liberalismo se han fundamentado generalmente en teorías de los derechos naturales[1] del hombre y han buscado el apoyo tanto de la ciencia como de la religión.

Además, al igual que cualquier otra corriente de opinión, el liberalismo ha adquirido matices diferentes en cada una de las culturas nacionales: el liberalismo francés difiere notablemen­te del inglés; el liberalismo alemán se ha enfrentado siempre con problemas singulares, y el liberalismo norteamericano, aunque en deuda con las formas de pensamiento y prácticas inglesas y francesas, muy pronto tuvo rasgos propios.

A pesar de la rica diversidad que el liberalismo ofrece a la investigación histórica, es un error suponer que sus múltiples variedades no pueden ser entendidas como variantes de un redu­cido conjunto de temas. El liberalismo constituye una tradición única, no un difuso síndrome de ideas. Esa tradición tiene antiguas raíces en Occidente, y en este sentido el mundo clásico aporta algunos elementos, desde los sofistas griegos[2], quienes al establecer una distinción clara entre lo natural y lo sobrenatural tendieron a sostener la igualdad natural del hombre, hasta los aportes romanos en el tema de la igualdad ante la ley. Sin embargo, su formulación moderna, acompañada de una teoría del surgimiento del Estado, se produce en la conmocionada Inglaterra del siglo XVII, sacudida por enfrentamientos casi continuos desde la década del 1640, emergiendo de la obra de Thomas Hobbes, y sobre todo de la de John Locke. Las transformaciones políticas y económicas que experimentaba el mundo occidental, a partir de las guerras de religión y de la expansión económica afirmada en el comercio internacional, contribuyeron a soca­var el poder de las monarquías tradicionales.

[…]

La obra del filósofo escocés Adam Smith (1723-1790) Investigación acerca de la Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones, publicada en 1776, es considerada clave para el desarrollo del pensamiento económico liberal. Su idea de que un mercado sin interferencias es el más eficiente asignador de los recursos en la vida económica pasó a ser uno de los pilares de los apologistas del capitalismo: pero además de los aspectos estrictamente económi­cos, la obra de Smith aportó una hipótesis del surgimiento histórico del estado moderno.

Smith es conocido también por su insistencia en que cierto tipo de Estado, un estado míni­mo, proporcionaba la mejor cobertura para el crecimiento económico. Estaba convencido de que sólo se necesitaba paz, impuestos bajos y una razonable administración de justicia para llevar a un Estado hasta la opulencia; la misma es producida por el orden natural de las cosas. Frente a esta apreciación, que con realismo sostenía que era necesario controlar el poder, en tanto “paz y administración” implicaba siempre una cierta presencia del Estado, durante el siglo XIX se potenció una visión extrema en la que pensadores como Herbert Spencer (1820-1903) afirmaban que el Estado debía dejar de existir; los individuos libres se asocia­rían sin coerción extrema, lo que resultaría beneficioso para su temple moral y útil para el principio del mercado.

La Inglaterra de la época de la reina Victoria parece haber sido la realidad más próxima a los objetivos liberales. El párrafo siguiente resume las características de ese momento:

“Hasta agosto de 1914, cualquier caballero inglés sensato, respetuoso de las leyes, podía pasar por la vida y notar, apenas, la existencia del Estado excepto por la oficina de correos y el policía de la esquina. Podía vivir donde quisiera y como quisiera. No tenía un número oficial ni documento de identidad. Podía viajar por el extranjero, o abandonar para siempre el país sin un pasaporte o forma alguna de permiso oficial. Podía cambiar su dinero por alguna otra moneda sin restricción o límite. Podía comprar mercancías de cualquier parte del mundo en los mismo términos en los que compraba artículos en su país. Por la misma razón, un extranjero podría vivir en este país sin permiso y sin informar a la policía. A diferencia de los demás países del continente europeo, el estado no exigía a sus ciudadanos que cumplieran con el servicio militar. Un inglés podía enrolarse, si así lo deseaba, en el ejército regular, en las fuerzas navales o territoriales. Pero también podía, de preferirlo, pasar por alto los llamados a la defensa nacional […] Hablando en términos generales, el Estado sólo intervenía para ayudar a quienes no podían ayudarse. Dejaba en paz al ciudadano adulto”[3].

Saborido, J., Sociedad, Estado Nación: una aproximación conceptual,

Buenos Aires, Eudeba, 2004, p. 36 y ss.

3. ¿Leyó las notas al pie de página? ¿Para qué le sirvieron? (Capítulo 2).

4. ¿Tuvo dudas con el léxico (o vocabulario) del primer párrafo? ¿Cómo se pueden resolver esas dificultades? Marque qué otras encontró. ¿Cómo hizo para resolverlas mientras leía? ¿Las resolvió todas? (Capítulo 3).

5. Identifique la definición de liberalismo (Capítulo 4).

6. ¿Hay alguna o algunas palabras que use el autor que podrían sugerir que él está a favor del liberalismo? Si encuentra esto señálelo (Capítulo 6).

7. En qué parte del texto hay una descripción de las características del liberalismo (Explica­ciones modales, Capítulo 5).

8. ¿Como ejemplos de qué se mencionan el “liberalismo francés, inglés y el liberalismo ale­mán? (Capítulo 4).

9. En el cuarto párrafo dice: “A pesar de la rica diversidad que el liberalismo ofrece a la investigación histórica, es un error suponer que sus múltiples variedades no pueden ser entendidas como variantes de un reducido conjunto de temas”. ¿Qué es lo que quiere decir el autor? :

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10. En el sexto párrafo aparece el conector “sin embargo”, ¿qué dos ideas opone? (Capítulo 6).

11. Primero identifique en el texto dónde se mencionan antecedentes históricos del libera­lismo y luego haga un gráfico o alguna anotación en forma de lista que le permita recordarlos (Capítulo 4).

12. Cuando en el texto se desarrolla la aparición del liberalismo en Inglaterra no se usan conectores causales (ver Capítulo 5). Sin embargo, usted podría deducir alguna causa de esa aparición ¿Cuál? ¿Qué parte del texto le permite deducirla?

13. Señale opiniones del autor sobre el pensamiento de A. Smith. ¿Qué palabras lo ayudaron a identificar esas opiniones y separarlas de la información? (Capítulo 6).

14. Aparecen dos puntos de vista acerca de la función del estado en Inglaterra. ¿Qué palabras lo ayudaron a encontrarlas? (Capítulo 6).

15. ¿En qué consiste cada uno de esos puntos de vistay quién lo sostenía? ¿Eran opuestos o no? (Capítulo 6). Escriba una síntesis de cada uno.

16.  ¿Qué quiere decir “La Inglaterra de la época de la reina Victoria parece haber sido la realidad más próxima a los objetivos liberales”? Vuelva a escribir la misma idea con otras palabras.

17. ¿Qué está ejemplificado con la descripción de la sociedad inglesa que aparece hacia el final del texto? (Capítulo 5).

18. Divida el texto en diferentes partes colocando en el margen subtítulos con lápiz. Por ejemplo:

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19.  Un alumno tiene que contestar estas consigna de examen: a) “Explique las características generales del liberalismo y las características del liberalismo inglés”; b) “¿Cuáles son los principios del liberalismo político y cuáles sus principios filosóficos?” ¿Cómo respondería usted? Para escribir las respuestas puede ayudarse con lo que contestó a las preguntas anteriores de este mismo trabajo práctico.

Trabajo Práctico n° 2

Mejorando la comprensión y el aprendizaje del discurso escrito

Una estrategia habitual con la que se suele tratar de acotar un determinado dominio específico consiste en relacionarlo con uno o varios campos afines. Con esta interde­pendencia se obtiene una mejor definición y explicación del funcionamiento del con­cepto en cuestión. El estudio del aprendizaje no ha sido una excepción. Más bien al contrario, es quizás el área de conocimiento que mejor puede presumir de ello al co­dearse con dominios tan dispares como atención, percepción, razonamiento, u otros menos básicos como educación, desarrollo o maduración. Pero de todos ellos, el más consustancial al aprendizaje ha sido, sin duda, el dominio de la memoria. La estrecha conexión entre el aprendizaje y la memoria ha llevado a considerar a ésta no sólo como una parte esencial de los procesos implicados en el aprendizaje, sino y especial­mente, de su evaluación. De hecho, una de las formas más consensuadas para evaluar el aprendizaje ha sido a través de pruebas de memoria de diferente naturaleza. En general, se ha asumido que cuanto más se recuerda el contenido de una tarea o de un texto, más y mejor será lo aprendido. Hasta tal punto esto ha sido así que tanto en el ámbito teórico y metodológico como en el educativo, ambos términos se han conside­rado equivalentes. Esta equivalencia se ha mantenido a lo largo de diversas concep­ciones teóricas, incluso en los casos en que ambos conceptos, aprendizaje y memoria, han sufrido importantes modificaciones. Así, desde una perspectiva quizás más pragmática y experimentalista, memoria y aprendizaje significaban prácticamente lo mismo. Se expresaba en términos cuantitativos y más orientados a una memoria reproductiva y cuyo resultado se identificaba con el aprendizaje obtenido. Desde otra óptica más reciente, se viene considerando la memoria más constructiva y menos reproductiva, a la vez que el aprendizaje se considera más significativo y no sólo cuan­titativo sino también más cualitativo.

Esta simbiosis entre ambos procesos ha beneficiado el desarrollo mutuo. Pero también, y por efecto de su propia evolución, se han producido importantes diferencias entre ellos. Hoy nos costaría admitir esa similitud, esa equivalencia entre ambos términos en un determina­do campo o tarea específica. Así, por ejemplo, “recordar” un texto y “aprender” de un texto no tiene por qué tener un significado equivalente (Kintsch, 1994). Mientras recordar un texto puede suponer la reproducción más o menos literal o más o menos completa de lo esencial de su contenido, aprender de un texto, por el contrario, puede implicar la utilización de esa información proporcionada por el texto para otra finalidad que no sea necesariamen­te su reproducción. Desde este nuevo punto de vista, el aprendizaje alude también a la forma de “comprender” e integrar la información leída con la que ya conocemos y poder así inferir nuevos hechos o plantear vías de solución a problemas nuevos. Esta nueva reinterpretación de las relaciones entre aprendizaje y memoria ha sido posible gracias a la inclusión de nuevos dominios que han mediado entre aprendizaje y memoria proponiendo nuevas vías de interés y de conjunción. Uno de estos nuevos dominios ha sido el de la comprensión, especialmente el que proviene de los procesos de comprensión vinculados al estudio del material escrito. Desde esta reciente perspectiva, las relaciones entre aprendi­zaje y memoria adquieren, junto a la comprensión, un desarrollo más rico e innovador. La comprensión podría situarse entre estos dos niveles o podría, incluso, solaparse en ambos extremos. Quizá por ello podríamos hablar de una comprensión superficial (memoria del texto) de un lado y de una comprensión más profunda (aprendizaje del texto) del otro. Un caso típico del primero podría ser el de aquel lector que reproduce a otra persona la noticia de un suceso tal y como lo acaba de leer en la prensa. En el mismo caso, se producirá aprendizaje del texto cuando ese mismo sujeto lea la noticia y exprese su opinión (sin necesidad de hacer explícito todo lo leído en la prensa) a otro posible lector, generando inferencias u opiniones con las que responde a cuestiones que le haya podido suscitar la lectura de dicho suceso.

Actualmente, estas nuevas concepciones están siendo asumidas dentro de los modelos más innovadores de lectura, de comprensión, de memoria y de aprendizaje, con una perspecti­va, creemos, más real y precisa de lo que sabíamos hasta ahora. Estos conceptos, tal como los entendemos hoy en día, están condenados a vincularse. Tanto es así que, cuando nos referimos a conceptos tales como estilos de aprendizaje, no podríamos explicar su funciona­miento o el tipo de procesamiento que se realiza si no implicamos a la memoria, a la com­prensión y al propio aprendizaje (Vermunt y Van Rijswijk, 1988; Entwistle, 1988; León 1996). Entwistle, por ejemplo, señala a este respecto tres tipos diferentes de procesamien­to cuando realizamos una tarea compleja como leer un documento: a) un procesamiento superficial (memorizando y recordando, en el que se analizan pequeñas unidades paso a paso); b) un procesamiento profundo (en el que la información entera se relaciona y estruc­tura activamente), y c) un procesamiento más elaborado o más personalizado, en el que la información se orienta fundamentalmente hacia aplicaciones.

Pozo J. y Monereo, C. (comp.), El aprendizaje estratégico, Madrid, Santularia, 1999, p.153-4.

  1. Usted probablemente, antes de comenzar a leer exploró el paratexto. ¿Qué informaciones obtuvo? ¿Para qué le sirvieron?
  2. Identifique la frase o la parte del texto donde se presenta el tema (Capítulo 4).
  3. Suponga que un lector no sabe el significado del término “cuantitativos”. ¿Qué podría hacer en ese caso? (Capítulo 3).
  4. ¿A qué otra palabra del texto se opone el significado de “cuantitativo”?
  5. ¿El texto le ayuda a darse cuenta de qué es “memoria reproductiva”? ¿Dónde encuentra esa ayuda? (Capítulo 3).
  6. En el primer párrafo dice “esta equivalencia”, ¿qué idea anterior del texto está condensada en esa palabra? (Capítulo 5).
  7. ¿Qué significa”simbiosis”? ¿Qué idea anterior del texto está condensada o resumida en esa palabra? (Capítulo 5).
  8. En el primer párrafo, el autor utiliza las palabras “perspectiva” y “óptica” para diferenciar dos puntos de vista. ¿Cuáles son? (Capítulo 6).
  9. En el segundo párrafo, aparece la expresión “Este nuevo punto de vista”, ¿cuál es ese punto de vista? (Capítulo 5).
  10. ¿A qué punto de vista mencionado antes se refiere la expresión “esta reciente perspectiva”, del segundo párrafo? (Capítulo 5).
  11. ¿En qué parte del texto el autor manifiesta su propia posición ante las teorías que desarro­lla? ¿Qué palabras del texto lo ayudaron a encontrar la posición del autor? (Preste atención al primer párrafo y al último) (Capítulo 6).
  12. En el texto se nombra una serie de apellidos y fechas ¿qué significan? ¿Con qué propósito aparecen? (Capítulo 3).
  13. Hacia el final del segundo párrafo dice: “Un caso típico…” ¿Qué es lo que se inicia con esa expresión: un ejemplo, una explicación causal, o una opinión? ¿Cuál es su función en el texto?
  14. Relea el final de ese segundo párrafo:

    En el mismo caso, se producirá aprendizaje del texto cuando ese mismo sujeto lea la noticia y exprese su opinión (sin necesidad de hacer explícito todo lo leído en la prensa) a otro posible lector, generando inferencias u opiniones con las que respon­de a cuestiones que le haya podido suscitar la lectura de dicho suceso.Trate de aplicar ese concepto a sus propias lecturas y analice en cuál de ellas le parece que ha podido realizar “un aprendizaje del texto”, tal como se dice allí (Capítulo 1).

  15. Vuelva a leer el final del tercer párrafo. ¿Quién sostiene que existen tres tipos de procesa­miento de la información cuando se lee? ¿Cómo se dio cuenta usted? (Capítulo 6).
  16. Escriba una caracterización de cada uno de esos tres tipos de procesamiento de la informa­ción, sin repetir exactamente las palabras del texto.
  17. Trate de observar sus propios modos de leer y compárelos con esas caracterizaciones. ¿Cómo diría que es su lectura? (Capítulo 1).

Trabajo Práctico n° 3

  1. ¿Qué es lo que usted debería hacer antes de leer el texto completo? ¿Por qué? Para saber si lo que respondió es acertado, consulte las primeras preguntas correspondientes a los Traba­jos Prácticos 1 y 2 de este capítulo.
  2. Ahora lea el texto completamente. Mientras lo hace, vaya marcando las dificultades que encuentre (conceptos desconocidos, frases que le resulten poco claras, etc).

Conformidad, inadaptación y anomia

La existencia de normas y el respeto que se les debe son dos cosas diferentes. Existen normas a las que nadie se acomoda, a pesar de que todo el mundo las acepta, en cualquier situación social, tropezamos con un gran número de personas que no se conforman a ningu­na norma: se trata del fenómeno de la inadaptación, por oposición a la conformidad (estas dos palabras no comportan ningún juicio de valor). La conformidad puede explicarse por una adhesión entusiasta o por el hecho de una disciplina impuesta. Es decir, la gente actúa, o bien de acuerdo, o desviada de determinadas normas.

Si en una escuela, dejando al margen las reglas oficiales, se hiciese una lista de las normas aplicadas a los alumnos, sin duda, llegaríamos a constatar que existen muy pocos alumnos que aceptan todas las normas y que se conformen a ellas; constataría­mos asimismo que muchos alumnos se apartan más o menos del ideal sin que se les castigue por ello. Es decir, existe cierta tolerancia. Igualmente en una iglesia no se pide a todo el mundo que sea un santo. En ningún sistema social se pide a los miembros que se adhieran perfectamente a las normas y el grado de laxitud o tolerancia es una de las características de un grupo o de un sistema.

Esta tolerancia varía de forma importante de acuerdo con el tiempo de pertenencia al grupo del individuo. Todos sabemos que los recién llegados cumplen celosamente. Tanto si se trata de recién llegados a una empresa, como de estudiantes nuevos, catecúmenos o reclutas del ejército. Los recién llegados siempre son tratados con desconfianza por los más antiguos. Para ser admitidos con pleno derecho tienen que dar muestras de conformidad. Esta hiperconformidad es un medio con el que cuentan los recién llegados para asegurarse su situación; se aplica también por el hecho de que el recién llegado aprende la definición oficial de las normas y no su definición práctica, tal como rige en la práctica. El recién llegado, a falta de otra información, piensa que el reglamento es una cosa rígida. El veterano sabe ya dónde tira y dónde afloja.

Por otra parte, al juzgar la manera en que un individuo se conforma a las normas, se tiende a juzgar su actuación en relación con su comportamiento anterior. Puede admitir­se cierto grado de inadaptación a la norma, pero difícilmente se aceptará que dicho grado aumente. Se es mucho más exigente con el creyente escrupuloso que con el que suele demostrar cierta laxitud.

La posición en el grupo también influye en los márgenes de tolerancia. Cuando más eminente es el individuo, más conformidad se le exige. El pecado es mayor si lo comete el sacerdote que si lo cometen los fieles; del mismo modo, es más grave en el devoto que en el practicante “normal”. La manera de alcanzar un estatus más elevado es en­carnar determinada conformidad con las normas. No es menos cierto que mucha vetera-nía y mucha seguridad en el grupo pueden conllevar cierta negligencia en la observancia de las normas. Dicho de otra forma: un individuo de mucho prestigio puede permitirse desviaciones que están prohibidas a otro de menor prestigio. A un hombre político importante le es mucho más fácil ridiculizar a su partido que a un militante de base.

Finalmente, no existe sociedad en la que la visibilidad de los actos sea perfecta y en la que la sanción sea automática. Y menos mal, porque poquísimas serían las sociedades habitables si todas las desviaciones fueran denunciadas y sancionadas en cuanto se viesen. Hasta las sociedades restringidas, como pueden ser la familia y el convenio, comportan cierto grado de simulación, u opacidad social, que permite cierta tolerancia en la aplicación de las normas. En efecto, la opacidad es necesaria para el buen funcio­namiento del grupo y de la institución. Si el jefe supiera todo lo que ocurre en su servicio no podría mandar; y si los padres supiesen todo lo que hacen sus hijos, la vida familiar resultaría imposible.

[…] Por un lado, el individuo, por cualquier razón puede encontrarse desviado del grupo, al margen: este fenómeno se llama marginalidad. Por otro, el individuo puede verse afectado por un conflicto de normas y verse obligado a infringir una para respetar otra. En cualquier grupo, tanto si se trata de un grupo restringido como de un grupo vasto, determinados individuos son menos miembros que los demás. Están menos interesados por lo que se hace en su grupo esperan menos de él e interiorizan las reglas en menor grado. En una clase, un mal estudiante no es sólo el que está en el fondo de la sala y piensa que es un buen sitio porque está cerca de la estufa, sino también el que no acepta las normas de la vida escolar y le son además indiferentes las sanciones corrientes; se le castiga, y le es igual, porque no tiene ninguna intención de ser un buen alumno. Uno puede ser “marginal” por muchas razones. Por ejemplo, el mal estudiante puede estar esperando que termine su edad escolar porque no espera nada del sistema de promoción social representado por la escuela. Hijo de obrero, no ve para qué le va a servir esforzarse, o hijo de familia adinerada, lo espera todo del dinero de su padre. Para uno, los fines propuestos le parecen inaccesibles, mientras que al otro le resultan inútiles. Normalmente, la violación de la norma resulta del conflicto existente entre las normas y los roles. Y estos conflictos no constituyen excepción. La mayor parte de los roles com­portan conflictos internos entre segmentos diferentes. Por ejemplo, existe un conflicto evidente entre la libertad universitaria por la cual el profesor tiene absoluta libertad para expresar sus opiniones, […] y el hecho de que el profesor sea, simultáneamente, lo quiera o no, un personaje social del que se espera que encarne las normas de la socie­dad, y por lo tanto, que eso se manifieste en una serie de opiniones conformistas: su no conformidad sería contradictoria con su status.

Finalmente, un individuo puede ser marginal porque se interesa por otro grupo que se convierte para él en grupo de referencia preponderante. En toda empresa, algunos obreros opinan que los patrones tienen razón, que lo que hay que hacer es sacar buenos benefi­cios, que la disciplina no es lo suficientemente respetada y que el sindicato es inútil, incluso perjudicial. Están identificados con los patrones y con los cuadros superiores y no con los obreros manuales. Con frecuencia se trata de obreros en vías de ascensión social identifi­cados con los cuadros, de los cuales un día esperan formar parte. Se trata del mecanismo de socialización anticipada, por el que se aceptan previamente las normas de un grupo al que se aspira a pertenecer.

Algunas formas específicas de inadaptación derivan de un posible conflicto entre los valo­res esenciales de una sociedad y los medios a disposición de determinadas categorías de personas para aplicar estos valores en su vida diaria. Merton ha demostrado perfecta­mente que el hecho de que en la sociedad americana se insista tanto en el éxito económi­co crea profundas insatisfacciones en los individuos situados en la parte más baja de la escala social que no han tenido, por lo tanto ningún éxito, ni pueden tener la esperanza de lograrlo, a pesar del mito del self made man que pasa de repartidor de leche a director general. La mayoría vive ese conflicto entre los valores sociales dominantes y su situación presente, conformándose a las normas de los grupos a los que pertenecen y mirando los valores de la sociedad global como ideales, pero demasiado lejos de ellos. Este confor­mismo con las normas puede llevar a convertirse en ritualismo cuando el individuo conce­de tanto a las normas y los ritos, que acaba olvidando completamente los valores: este es el caso del empleado aterrorizado por su patrón, o el del burócrata diligente que no ve más allá de su servicio. Algunos se resienten hasta el punto de realizar el esfuerzo de invención e innovar: buscan los medios legales o ilegales de salir adelante, como el negro, por ejemplo, que logra llegar a campeón de boxeo, el italiano que se integra en la mafia, o el hombre de negocios que utiliza métodos comerciales poco ortodoxos.

La evasión permite escapar completamente al conflicto por medio del rechazo simultáneo de los valores de la sociedad y las normas de los grupos a los que se pertenece. La gente siempre está en la sociedad, pero no siempre forman parte de ella. Este es el caso de los vagabundos y de los monjes, pero también el de la secretaria que vive sus sueños sentimen­tales o el del hombre que se refugia en una vida familiar feliz: ambos son casos de corte con el mundo exterior. En el lado opuesto a la evasión se encuentra la rebelión de los que recha­zan las normas y los valores pretendiendo imponer otras y transformar así la sociedad. Estas cinco posibles reacciones constituyen algunos de los diferentes mecanismos de integración del individuo en la sociedad en la medida en que la inadaptación más acusa­da, como por ejemplo la del vagabundo, es aceptada por la sociedad y se rige por normas específicas: un vagabundo sabe lo que “tiene” que hacer y cómo debe ser trata­do, sobre todo si forma parte de un grupo de vagabundos. Sin embargo, Durkheim ha insistido en el debilitamiento de estas normas en determinadas sociedades. A este fe­nómeno le ha dado el nombre de anomia.

Por tal entendía un desarreglo en la sociedad tendiente a debilitar la integración de los individuos que acaban por no saber cuáles son las normas que deben seguir. Toda crisis social comporta un peligro de anomia, incluso en el caso de que la crisis tenga por origen un brusco incremento del poder y la fortuna:

“Efectivamente, en ese caso y puesto que cambian las condiciones de vida, la escala por la que se regulan las necesidades no puede seguir siendo la misma…La gradua­ción se ha trastocado; pero por otra parte no se ha improvisado todavía una nueva graduación. Hace falta tiempo para que hombres y cosas vuelvan a ser clasificados por la conciencia pública. Mientras las fuerzas sociales así liberadas no recobren el equilibrio, su respectivo valor seguirá siendo indeterminado y, consiguientemente, durante un cierto tiempo se carece de toda reglamentación. Ya no se sabe lo que se puede y no se puede hacer, lo que es justo y lo que es injusto, las reivindicaciones y legítimas esperanzas y las que sobrepasan la medida (El suicidio).”

Durkheim ha demostrado perfectamente que la tasa de suicidio es un indicador del gra­do de anomia de una sociedad o de un grupo social. Extrañado por las altas tasas de suicidio en la industria y el comercio en la época de desarrollo industrial por él estudia­da, concluyó que la sociedad industrial y urbana era extraordinariamente anómica, mien­tras que a la sociedad tradicional la inmunizaba su estabilidad. La evolución posterior ha demostrado que a medida que ha ido progresando la industrialización, las tasas urba­nas han decrecido y las tasas más altas han pasado a ser las de las zonas rurales. Efectivamente, las normas de las que disponen los individuos vienen dadas, mucho más que por la sociedad en su conjunto, por los grupos de pertenencia y de referen­cia. Pero, como ya indicamos más arriba, los grupos elementales y las agrupaciones más amplias están adquiriendo hoy una importancia decisiva en la llamada sociedad de masas. Además, los grandes medios de difusión (prensa, radio, cine, televisión) esparcen por doquier imágenes y estereotipos que llegan a convertirse en normas, permitiendo a los individuos, aparentemente perdidos en la masa, saber cómo compor­tarse bien y, conformarse a dichas normas.

Sociología, Material de cátedra, pp. 57-59.

3. Trate de resolver estas dificultades (Capítulo 3):

a) El término “laxitud” y “tolerancia” (párrafo 1), ¿están usados según el vocabulario co­mún? ¿Puede darse cuenta de su significado por el cotexto?

b) El término “hiperconformidad” (párrafo 1) ¿se puede explicar analizando si tiene algún sufijo o prefijo? ¿Puede hacer lo mismo con la palabra “inobservancia” (párrafo 7)?

c) ¿Qué estrategia podría utilizar para conocer el significado de los términos “escrupuloso” y “eminente” (párrafo 4 y 5 respectivamente).

d) En el párrafo 6 se habla de “la visibilidad de los actos”, ¿qué sentido adquiere aquí la palabra “visibilidad”? La palabra “desviaciones” ¿qué significa aquí?

4. El párrafo 13 comienza diciendo “Esta tolerancia”, ¿qué explicación o concepto anterior está condensado en esa palabra? (Capítulo 5).

5. Haga lo mismo con “hiperconformidad” (párrafo 3) y con “este conformismo” (párrafo 12) (Capítulo 5).

6. Identifique dentro del texto la explicación y los ejemplos de cada uno de los tres conceptos nombrados en el título (Capítulo 4).

7. En esas explicaciones, ¿hay una presentación del tema? ¿esa presentación podría pen­sarse como una respuesta a un interrogante explícito o implícito? ¿Cuál sería la pregun­ta? (Capítulo 4).

8. Subraye las definiciones que encuentre (Capítulo 4).

9. Dentro de cada explicación usted identificó ejemplos, anote en el margen a qué concepto corresponde cada uno (Capítulo 4).

10. En el segundo párrafo dice: “es decir, existe cierta tolerancia”, ¿qué está reformulado a partir de “es decir”? En el párrafo 5, dice “Dicho de otra forma” ¿a qué se refiere? ( Capítulo 5).

11. El sexto párrafo comienza diciendo “Finalmente”, ¿por qué está usado ese conector? ¿Qué indica? (Capítulo 6).

12. En el párrafo 7, se usan dos conectores distributivos, subráyelos y resuma las ideas que separa y ordena (Capítulo 6).

13. Busque en el texto los conectores “en efecto” y “efectivamente” ¿qué se quiere mostrar como evidente? (Capítulo 6).

14. En el párrafo 10, dice “la violación de la norma resulta del conflicto existente entre las normas y los roles”. Esto significa, ¿que la violación de la norma es la consecuencia del conflicto o que la violación de la norma es la causa del conflicto? (Capítulo 5).

15. En el párrafo 15, se nombran cinco posibles “reacciones”. ¿A qué cosas que se dijeron antes se refiere esa palabra? (Capítulo 5).

16. ¿Qué autor ha demostrado que la sobrevaloración del éxito económico crea frustraciones en los miembros de la sociedad que no logran ser exitosos? ¿Cómo se dio cuenta de quién es el autor? (Capítulos 4 y 6).

17. Identifique la cita textual. ¿De quién es? ¿Cómo se dio cuenta? (Capítulo 4).

18. Esa cita apoya una afirmación previa. ¿Cuál es? Subráyela.

19. Lea nuevamente todo el texto, con sus propias anotaciones y marcas. Trate de escribir, en su cuaderno, una explicación de los conceptos “conformidad”, “inadaptación” y “anomia”. ¿Qué grado de aceptación de las normas sociales representa cada uno?

20. Para cada uno de esos tres conceptos, agregue un ejemplo tomado del texto y otro de la sociedad donde usted vive.


  1. La concepción de "derecho natural", desde la perspectiva liberal, hace referencia a que a partir de la utilización adecuada de la razón podía sostenerse la idea de un "orden natural". De la misma manera que los seres vivos y las estrellas se movían siguiendo "leyes naturales", se esperaba poder enunciar las "leyes naturales" para las comunida­des humanas.
  2. Los sofistas constituyeron un movimiento intelectual que surgió en Grecia en el siglo V a.C Estos "maestros del saber" difundieron nuevas ideas sobre el hombre, la sociedad y el gobierno. Prevaleció en ellos el interés por conven­cer y refutar respecto del deseo de llegar a la verdad. Sin embargo, con ellos el filósofo se integra en la sociedad y, en vez de meditar en soledad discute y problematiza. Sócrates y Platón combatieron su metodología y posturas relativistas.
  3. Taylor, A.J.P, Historia de Inglaterra 1914-1945, México, F.C.E, 1989, p. 17.

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