Capítulo 1: Leer para estudiar

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ESTE CAPÍTULO

El propósito de este capítulo es señalar las características propias de la lectura que se requiere en los estudios superiores. En efecto, la finalidad de adquirir conocimientos cada vez más complejos, hace que se necesite una lectura diferente de la que se practica en otras situaciones que no son las de estudio. Por otra parte, los textos que se utilizan en los niveles terciarios o universitarios tienen ciertas particularidades que muchas veces los hacen de difícil comprensión. El propósito de este capítulo es, entonces, que los estudian­tes perciban que hay diferentes modos de leer y además que, en los estudios superiores, los textos pueden presentar diversas dificultades. Con este objetivo, en los capítulos siguien­tes se proponen estrategias y los correspondientes trabajos prácticos.

Preguntas de descubrimiento

1. En el siguiente fragmento hay palabras terminadas en “mente” y “miento”. Trate de subrayar todas.

FREUD Y EL PSICOANÁLISIS

Sigmund Freud, un médico vienés que vivió entre 1856 y 1939, no sólo influyó de un modo determinante en la formación de la psicología moderna; fue una de las principales figuras intelectuales del siglo XX. El impacto de sus ideas se ha dejado sentir en el arte, la literatura y la filosofía y, obviamente, en las ciencias sociales humanas. Freud no fue simplemente un estudioso del comportamiento humano, sino que se implicó en el trata- miento de pacientes neuróticos. El psicoanálisis, la técnica terapéutica que creó, consis- te en que los pacientes hablen libremente acerca de sus vidas, particularmente sobre aquello que recuerden de sus más tempranas experiencias. Freud creía que lo que go- bierna gran parte de nuestro comportamiento es el inconsciente, y que el modo de enfrentarnos a nuestras ansiedades en la más temprana edad persiste en la madurez. La mayoría de estas experiencias de la primera infancia se pierden en nuestra memoria consciente, aunque son la base sobre la que se establece nuestra autoconciencia.

A.A.VV., Sociología. Material de cátedra., Buenos Aires, p. 91

a)  Ahora vuelva a leer el mismo fragmento para responder estas preguntas. Recuerde que es necesario que escriba todas sus repuestas en un cuaderno de notas o en una carpeta, porque más adelante le pediremos que revise algunas de ellas:

  • Fecha y lugar de nacimiento de S. Freud.
  • ¿Qué es el psicoanálisis?
  • ¿Cuáles son las principales ideas en las que se basa el psicoanálisis?

b)  Probablemente tendrá que leer nuevamente el mismo fragmento para responder: según la teoría psicoanalítica, ¿qué tipo de experiencias deberá relatar un paciente neurótico durante su tratamiento?

c)  ¿Cuáles de las respuestas anteriores le requirió más de una lectura y mayor reflexión?

2. Ahora lea este otro texto. Más abajo hay algunas preguntas para contestar por escrito:

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a)  Suponga que un taxista o un conductor de coche particular necesita saber los lugares y horarios en los que la circulación estará limitada. Subraye los segmentos de la nota periodís- tica que serían importantes para él.
b)  Ahora póngase en el lugar de un estudiante que debe preparar un informe sobre los movi- mientos piqueteros en la Argentina. Lea nuevamente la noticia y subraye las partes que le servirían al estudiante para conocer los reclamos de cada movimiento piquetero y el nombre de sus dirigentes.
c)  Revise sus respuestas a las consignas a) y b) ¿Cuál es la que le exigió mayor elaboración y mayor número de lecturas? ¿Qué conclusión puede extraer?

Intenciones de lectura y modos de leer

Como habrán podido observar por lo que han venido trabajando en páginas anteriores, no siempre se lee con la misma finalidad. Por ejemplo, para entretenerse se pueden leer novelas o historietas, y con esa misma intención se pueden leer artículos de revistas en las salas de espera. También se lee con otras finalidades: cuando se busca una información determinada se lee para buscar datos y ese modo de leer recibe el nombre de lectura extractiva. En cambio, cuando se analiza y estudia un tema se hace una lectura que se llama reflexiva. Una y otra son diferentes, requieren diferente duración, y diferente calidad y grados de atención.

La lectura de entretenimiento depende de propósitos e intereses individuales y se realiza con dis- tintos textos, en diferentes situaciones. Por ejemplo, una persona puede entretenerse leyendo una histo- rieta, un artículo de diario o inclusive un texto científico.

La lectura extractiva, que se hace con la finalidad de recoger información, puede aplicarse a toda clase de textos y en distintas situaciones. Con la finalidad de extraer datos se pueden leer: un cartel indicador, un artículo periodístico o un capítulo de un libro. Es un tipo de lectura muy habitual que suele utilizarse en situaciones de estudio, profesionales o laborales, y en general en la vida cotidiana.

Ahora bien, en los estudios superiores, donde se utilizan los textos de estudio también llamados académicos, la finalidad de la lectura no es solamente extraer datos, sino que es necesario hacer una lectura reflexiva y crítica. Este tipo de lectura es la que se hace con la finalidad de adquirir conocimien- tos, analizar problemas, formar juicios críticos. De modo que se lee con más atención y dando más importancia a las ideas y conceptos que a la extracción de datos.

Las diferentes maneras de leer, entonces, darán como resultado que quienes las realicen registren diferentes puntos en un mismo texto.

De acuerdo con esto, para responder las consignas 1, 2, y 3, de este capítulo, ustedes han realizado distintos tipos de lectura en un mismo texto. Por ejemplo, para responder a la consigna 2.a, leyeron el texto con la finalidad de extraer datos. Pero, para responder a la consigna 2.b, han debido realizar, en el mismo texto, una lectura reflexiva y crítica. Y esta es la lectura que se requiere cuando se cursan estudios universitarios y terciarios.[1]

Esa lectura se caracteriza porque:

  • Tiene como finalidad la adquisición de conocimientos con actitud crítica.
  • Requiere un modo particular de lectura, denominada reflexiva y crítica.
  • Se aplica a una clase particular de textos, que reciben el nombre de textos académicos o de estudio.

Esta clase de textos tiene ciertas particularidades, diferentes de otros textos que circulan en la socie- dad. En el siguiente apartado se describen algunas de sus características.

Los textos de estudio 

4. Los dos fragmentos que siguen tratan una temática semejante, sin embargo pertenecen a textos de distinto tipo. Léalos y conteste luego las preguntas que lo ayudarán a encontrar las diferencias.

Fragmento A

Hasta el año 1856 no se habían encontrado registros fósiles humanos, pero en esos años se produjo el hallazgo del Hombre de Neandertal (Alemania), justo en medio de un clima de debate de las ideas darwinianas donde cualquier insinuación de que existiera una procedencia animal para el hombre resultaba explosiva. En 1868 se realizaron en Francia los hallazgos de cráneos y esqueletos del Hombre de Cro-Magnon que fueron aceptados sin mayores problemas como humanos porque sus rasgos (cráneos redon- deados y rasgos faciales se podían homologar a los del hombre moderno). En las prime- ras décadas del siglo XX las publicaciones científicas muestran la coexistencia de dos ideas diferentes en torno de los orígenes del hombre: para algunos el animal pasaba ser hombre a partir de la existencia de un cerebro más grande, para otros, el motor causal del advenimiento de la humanidad comenzaba con la marcha bípeda.

Primero el cerebro

Esta ha sido la explicación que más amplia difusión ha alcanzado y se deriva de las ideas iluministas del siglo XVIII, en las que el hombre, el Homo Sapiens de Linneo, se diferenciaba del animal por su capacidad pensante, por el uso de la razón. Una evidencia de esto debía ser la existencia del cráneo grande. […]

Primero la postura erguida

Junto a la anterior circulaba otra idea en la que se consideraba a la locomoción bípeda como antecesora de la presencia de un cerebro más grande. Ya Darwin había señalado las ventajas del bipedismo considerando que dejaba liberadas las manos para el uso de palos y piedras con los cuales los hombres se defendían de las hostilidades de otros animales y congéneres. Según algunos autores, estas ideas de las ventajas defensivas del uso de armas tiene su correlato con el contexto sociohistórico en el cual se estaban produciendo crecientes hostili- dades entre las potencias que desembocarían luego en la Primera Guerra Mundial.

Tapia, A., Pinotti, L. et. al, “El comienzo del comportamiento cultural”, en Lischetti, Mirtha (comp.), Antropología, Buenos Aires, Eudeba, 2004, pág. 314.

Fragmento B

Érase una vez…

Eran tiempos en los que no se conocía la guía telefónica… En primer lugar, porque aún no se había inventado el teléfono, y ni siquiera el papel y la tinta para imprimirla. Y porque, además, los hombres carecían de nombre y apellido. Se llamarían entre ellos, tal vez, de forma suma- mente completa: “Aquel-Que-Habita-Detrás-De-La-Piedra Roja” o “La-Que-Camina-Con-Pa- sos-Muy-Largos”. Fue un período que duró largo tiempo y en el que lenta y penosamente, el hombre se desprendió del mono del que había surgido para volverse más humano.

Esta era se suele llamar el Paleolítico o Antigua Edad de Piedra. Comienza muy imprecisa- mente hace más de un millón de años y se extiende hasta unos 10.000 años antes de nuestra era. Los historiadores suelen dividir el Paleolítico en tres grandes etapas: Paleolíti- co Inferior -que llega hasta hace unos 100.000 años-; el Paleolítico medio-que se extiende hasta hace unos 40.000 años- y, finalmente el Paleolítico Superior. Nuestra historia comien- za probablemente en estos últimos años. En su transcurso se habitan las cuevas y también las primeras cabañas, se enciende el fuego de diversas maneras, se visten toscas ropas de piel cosida y se pescan o se cazan animales con armas de piedra sílex, de hueso o de asta.

De este período son también las primeras embarcaciones y los primitivos ídolos. Asimis- mo es por aquellos largos años que el hombre forma sus grupos, sus sociedades, al irse creando entre ellos lazos que diferenciaran perfectamente tales agrupamientos de los rebaños de manadas de otros animales. Y es también durante ese tiempo cuando el hombre primitivo dirige su mirada hacia arriba, hacia el inmenso cielo, maravillado ante él, temeroso ante la grandeza de lo desconocido.

Averbuj, Eduardo, “El hombre prehistórico: la mirada asombrada”, en Con el cielo en el bolsillo, México, de la Torre, 1990, p. 19

a) Uno de los textos que usted acaba de leer tiene características que no son propias de los textos de estudios superiores. ¿Cuál le parece que es? ¿Por qué?

b) ¿A quiénes cree que está destinado cada uno de los textos?

Quiénes escriben y quiénes leen

Un rasgo de los textos está en relación con las personas que los escriben y a su vez con las personas a quienes están dirigidos, es decir quienes los producen y quienes los reciben. Los textos que se usan en los estudios universitarios, en general, pueden sertextos destinados a estudiantes o bien aespecialistas. Del mismo modo, los autores también alternan: pueden ser docentes de una disciplina, en general, o pueden ser científi­cos especializados en un aspecto particular de esa disciplina. Estos dos factores, quiénes los escriben y para quiénes están escritos, determinan que haya varias clases de textos que se leen en los estudios superiores.

Cuando estudian, ustedes pueden encontrarse con estas diferentes clases de textos, y esto significa que al leerlos hallarán mayores o menores obstáculos y dificultades.

Los manuales o libros universitarios. Han sido preparados específicamente para los alumnos de ese nivel y sus autores son investigadores o docentes universitarios. Son obras que tratan de una disciplina en general, por ejemplo, Manual de Derecho del Trabajo o Introducción al conocimiento de la Sociedad y el Estado. Los autores de estos textos suelen tener en cuenta que sus lectores tal vez sean poco conocedores de la materia, por lo tanto están escritos de tal modo que suelen ofrecer menos dificultades que los del grupo que sigue.

Textos científicos especializados. No se ocupan solamente de los aspectos generales de una materia, sino que profundizan en un tema particular dentro de una disciplina. Estos textos suponen que el lector tiene una serie de conocimientos especializados adquiridos previamente. Han sido escritos por investiga­dores científicos y pueden ser artículos publicados en revistas especializadas, en las cuales se dan a conocer sus hallazgos más recientes. Estos textos también pueden consistir en libros de un autor o bien pueden reunir la obra conjunta de varios investigadores. En todo caso, nunca son obras introductorias a una disciplina y siempre están dirigidas a otros especialistas, por lo tanto el nivel y la cantidad de los conoci­mientos que se dan por supuestos son más complejos. Sin embargo, a pesar de no haber sido escritos para alumnos, estos textos se usan en los estudios universitarios y terciarios porque muchas veces son la única bibliografía disponible acerca de un tema, o bien porque son sumamente valiosos. Por lo tanto, es conve­niente que ustedes tengan esto presente, porque es posible que encuentren mayores dificultades cuando los lean y tal vez sea necesario hacer previamente otras lecturas o solicitar alguna explicación sobre el tema.

Por otra parte, hay temas científicos que se publican en artículos periodísticos y aunque traten de un tema de ciencia, no se consideran textos científicos o de estudio. Están escritos para el público en general y se llaman textos de divulgación masiva.[2] Se trata de artículos que se publican en las secciones de ciencia de algunos diarios y revistas pero, aunque traten temas científicos, no lo hacen científicamente, sino de una manera periodística, porque se espera que puedan ser comprendidos por cualquier lector, aunque no tenga conocimientos especializados. Como por ejemplo este fragmento:

[…] Cuando el 16 de septiembre de 1835 el bergantín inglés “Beagle” llegó a las costas de las islas Galápagos, los pájaros no lo advirtieron. Y, hundidos en su rutina arbórea, se dejaron observar, describir, dibujar, medir y contabilizar durante cinco semanas por Charles Darwin, el joven científico de la expedición. Fueron esos pinzones los que hicieron pensar al naturalista, durante su posterior viaje alrededor del mundo, que los seres vivos cambian. Que se modifican. Y no permanecen iguales a lo largo del tiempo.

Ciento cuarenta años después de que Darwin formulara su famosa teoría explicativa de la evolución de las especies, los estudios genéticos le dan la razón. Y otra vez, los pinzones (chiquitos como un gorrión) aportaron las pruebas. Estudios de ADN mediante, los biólogos modernos acaban de comprobarlo […].

“Ciencia: Las grandes ideas. Los genes le dieron la razón a Darwin”, en Clarín, 3-8-99.

Trabajos prácticos de aplicación

5. Vuelva a leer sus respuestas a la consigna 4. ¿Cambiaría algo? ¿Qué mantendría igual?

6. A continuación le presentamos tres fragmentos con el mismo tema. Según lo que acaba de leer, ¿cuál correspondería a un texto de divulgación masiva? ¿Cuál pertenecería a un manual universitario y cuál a un texto destinado a especialistas? Para fundamentar su respuesta incluya ejemplos tomados de los textos.

Fragmento A

Mientras se multiplican las experimentaciones, mientras progresan los investigadores que trabajan en el acto de leer y más particularmente en el acto de comprender, apelar a la tradición continúa siendo todavía el único argumento válido cuando se desea proteger a los enseñantes de toda contaminación con el funcionalismo que prevalecía en ese entonces [1977, en Francia] en la enseñanza elemental, al tiempo que se descuidaban los problemas que efectivamente encontraban los niños. […] De manera que el principal problema con que tropezaba el sistema educativo francés entre 1960 y 1980 era la circunstancia de que una parte no despreciable de los niños que ingresaban en primer año de la escuela secundaria leían demasiado mal para llevar a cabo normalmente su escolaridad secundaria.

Chartier, A. M. y Hébrard, J., Discursos sobre la lectura, Gedisa, Barcelona, 1994, p. 338.

Fragmento B

En los últimos 12 meses el 52 por ciento de los que están en condiciones de hacerlo no leyó un libro. Entre quienes dijeron haber leído en el mismo lapso, la mayoría leyó, en prome­dio, cuatro libros. Los datos de la encuesta sobre consumos culturales de la Argentina, que publicamos hoy en la sección Sociedad, indican también que la lectura crece con la edad y abarca a los sectores sociales más pudientes.

El hábito de la lectura en productos con soporte de papel hace tiempo que está en declina­ción y se verifica cada vez más dramáticamente entre los jóvenes. Hay muchos factores que confluyen en este preocupante fenómeno. En nuestro país comienza a consolidarse una tendencia dramática en la que la lectura de libros se está convirtiendo cada vez más en una actividad de adultos y en un hecho casi suntuario, una verdadera ironía. Hay quienes sostienen que no es cierto que los jóvenes lean menos sino que están abandonando los soportes habituales.

La relación venerable con los libros es un hábito que toda sociedad debe y tiene que defender.

Kirschbaum, Ricardo, “La mala educación”, en Clarín, 9-12-2004.

Fragmento C

La noción de lectura como desciframiento de signos puramente materiales aparece cons­tantemente en la vida escolar: Los alumnos no entienden lo que leen”, se escucha decir con frecuencia a los docentes; esto implica que leer consistiría en sonorizar las pala­bras, o meramente identificar signos escritos. “Comprender”, “entender”, aparece en­tonces como si fuera una actividad agregada y no intrínseca al acto de leer. A este respecto, muchas personas comparten una experiencia muy frecuente: cuando se está aprendiendo una lengua extranjera, se presenta la situación de tener que leer en voz alta un texto. En general, suele ocurrir que el que aprende está tan preocupado por lograr una pronunciación correcta (sonorización de los signos), que cuando termina su lectura, a menos que conozca previamente el texto, no podrá dar, en absoluto, una clara muestra de comprensión. Toda su energía estuvo colocada en descifrar y sonorizar.

Marin, M., Lingüística y enseñanza de la lengua, Buenos Aires, Aique, 2004, p. 227.

Los contenidos

Como han observado, el tema no es lo fundamental para diferenciar un texto especializado de uno de divulgación. El mismo tema puede estar tratado por un texto muy especializado, un manual universitario, o un artículo periodístico. Todos tienen como finalidad comunicar conocimientos, y están vinculados con la investigación científica. Pero la diferencia entre los textos reside, como hemos dicho, en la canti­dad y profundización de la información y, también, en el modo de comunicarla. Entonces: ¿cómo está configurado el contenido científico en los textos de estudio?

Los textos de estudio se refieren a entidades empíricas y observables, por ejemplo: la anatomía animal, la síntesis clorofílica, un acontecimiento histórico o las conductas humanas ante determinadas situaciones. Muy frecuentemente, sin embargo, los textos de estudio universitario no están centrados tanto en esas entidades empíricas, sino en conceptos teóricos. Estos son, básicamente, ideas, reflexio­nes, análisis, que están referidos a una entidad empírica y observable.

Observemos el siguiente fragmento, que habla de la “generación del 80”. El texto comienza narran­do hechos y situaciones históricas (que son entidades empíricas y observables, por ejemplo: guerras, conflictos, estados políticos) y luego habla del debate acerca de la existencia o no de otra entidad (la generación del 80), y para explicarla se utiliza el concepto teórico de generación.

En el año 1880, el país estaba listo para insertarse a pleno en la división internacional del trabajo. En esa época se solucionaron problemas que durante años habían genera­do guerras y conflictos. [….] Los hombres que se abocaron a la tarea de “modernizar” el país fueron los integrantes de la llamada generación del 80, designación que abarca a quienes actuaron en los puestos de conducción en aquel momento.

Mucho se ha debatido acerca de la existencia o no de una llamada generación del 80. Los que la consideraron como tal se basaron en el concepto de Ortega y Gasset, quien consideraba como rasgo fundamental de una generación […].

Belenky, S., “El orden conservador”, en Introducción al Conocimiento de la Sociedad. y el Estado. Módulo Único. Buenos Aires, Eudeba, 2001, p.192.

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El léxico o vocabulario

Cuando se lee para estudiar, se necesita una comprensión profunda y muchas veces esa comprensión no se logra totalmente porque se desconocen términos -el léxico o vocabulario- que se utilizan en el texto. En los textos de estudio hay términos cotidianos usados en otros sentidos, también hay términos específicos de cada disciplina. Esto produce una gran densidad léxica y conceptual. Esa densidad es una dificultad real y es necesario resolverla, aunque conocer el léxico no es suficiente para solucionar todos los problemas de comprensión.

En el siguiente fragmento, hemos destacado algunos términos (tal vez ustedes encuentren otros) que ejemplifican lo que acabamos de mencionar:

Como todo consumidor de los medios sabe, las comunicaciones de masas son una rea­lidad integrada por muchos aspectos distintos: reglamentaciones legislativas escurridi­zas, por lo que se refiere a la ordenación jurídica del sistema televisivo; intrincadas operaciones financieras en torno a la propiedad de algunos medios; episodios clamoro­sos sobre la no realización de un programa considerado «incómodo»; crisis, fracasos y triunfos de las diversas estructuras productivas cinematográficas; recurrentes polémi­cas sobre los efectos nocivos que los media ejercerían sobre los niños; entusiasmo y alarma ante las nuevas tecnologías y los escenarios prefigurados por las mismas. La lista podría ser más […] Todo esto, evidentemente, se refleja en la forma de estudiar un objeto tan proteiforme: […] la larga tradición de análisis ha multiplicado hipótesis y enfo­ques. De ello ha resultado un conjunto de conocimientos, métodos y puntos de vista tan heterogéneo y disforme, que hace no sólo difícil sino tal vez insensato cualquier intento de ofrecer una síntesis satisfactoria y exhaustiva.

Wolf, Mauro, La investigación de la comunicación de masas, México, Paidós, 1994, p.  11.

En el Capítulo 3 de este libro, se desarrollan algunas estrategias para ayudar a resolver las dificultades léxicas.

El tratamiento de los conceptos

Otro rasgo característico de los textos de estudio es el desarrollo de cadenas y redes de razonamien­tos. Es decir que presentan un tratamiento explicativo, razonado y referido a modelos teóricos, y no una simple exposición de datos. Este tratamiento razonado implica relacionar ideas por contraste o por similitud, y también mostrar causas y efectos. En el ejemplo que sigue hemos destacado algunas expresiones que señalan la conexión entre las ideas y conceptos.

De la misma forma que Cassirer puede afirmar que el hombre es el único animal que se domestica a sí mismo, podemos decir que el hombre es a la vez efecto y causa de la cultura, el hombre es creador de cultura y al mismo tiempo un producto de ella. Es por esto que se puede sostener que la noción de ser humano está íntimamente ligada a la cultura; que no es posible concebirla fuera de ella. Cultura y ser humano son dos térmi­nos indisociables, como las dos caras de una misma moneda.

Scaglia, H., Psicología. Conceptos preliminares, Buenos Aires, Eudeba, 2004, p. 23.

Más adelante, en los capítulos 4, 5 y 6 de este libro, retomamos y desarrollamos con más amplitud este mismo tema.

La lectura en los estudios superiores

Como ya ha sido señalado en este capítulo, la lectura extractiva es la que presta más atención a los datos que a los conceptos, más atención a los ejemplos que a las definiciones, más atención a los concep­tos que a las relaciones teóricas entre ellos.

Los textos que se leen en el nivel superior, -y las actividades que se realizan en esos niveles- ade­más, requieren una lectura reflexiva y crítica. No tener en cuenta esto provoca muchos malos entendi­dos y confusiones entre los estudiantes cuando deben hacer sus trabajos y exámenes.

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En síntesis, en el nivel superior, cuando se lee para estudiar, es necesario:

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Trabajos prácticos de revisión

Le recordamos que a partir de aquí las consignas se refieren a todo lo que usted ya leyó en este capítulo. Sin embargo, para responder las preguntas, tal vez necesite volver atrás y releer algo. No dude en hacerlo.

Recuerde también que siempre es necesario escribir las respuestas.

7. Lea los siguientes fragmentos. ¿Cuál es un texto de divulgación y cuál un texto de estudio? ¿Por qué?

Fragmento A

El síndrome de la niña buena combina la fuerte necesidad de ser querida con un profundo miedo a provocar el enfado o el rechazo de los demás. De una manera u otra, todas estamos afectadas por este síndrome. Cuando se manifiesta de forma leve, resulta incluso agrada­ble: ¿a quién no le gusta trabajar con alguien que está dispuesto a cooperar y a llevarse bien con todo el mundo? Pero cuando esta característica es llevada al extremo, se convierte en una complacencia incondicional que puede minar la capacidad de defender los propios inte­reses, limitando e inmovilizando a la persona. El síndrome de la niña buena puede llevarte a ser explotada y engañada tanto por tus jefes como por tus compañeros.

“El síndrome de la niña buena”, en Revista Psicología Práctica, n° 62, junio 2004.

Fragmento B

El “complejo de Edipo”es un conjunto organizado de deseos amorosos y hostiles que expe­rimenta el niño por sus padres. En su forma llamada positiva, el complejo se presenta como en la historia de Edipo rey, es decir, como deseo de la muerte de ese rival que es el perso­naje del mismo sexo y como deseo sexual por el personaje de sexo opuesto. En su forma negativa, se presenta al revés, esto es, como amor por el padre del mismo sexo y como odio celoso por el padre de sexo opuesto. De hecho, estas dos formas se encuentran, en grados diversos, en la forma llamada completa del complejo de Edipo.

Le Galliot, Jean, “El complejo de Edipo”, en Psicoanálisis y lenguajes literarios,

Buenos Aires, Hachette, 1981, p.28.

8. Uno solo de los fragmentos siguientes tiene características de los textos que se usan en los estudios superiores, ¿cuál le parece que es? Para fundamentar su respuesta sería conveniente que agregara algunos ejemplos tomados del texto.

Fragmento A

El principio de la entropía surgió con el trabajo de un francés: Sadi Carnot. Hijo de un ministro de Napoleón, nació en París en 1796 y murió de cólera a los 36 años. A pesar de haber muerto joven, el legado que dejó a la termodinámica es muy importante. Carnot se dedicó por varios años a estudiar cómo podían construirse máquinas movidas por vapor, lo que lo llevó a formular uno de los principios más importantes de la naturaleza (que en su momento no fue entendido del todo). De hecho a pesar de que Carnot realizó su trabajo antes que Thomson y Joule, este principio fue enunciado posteriormente como la segunda ley de la termodinámica. Dejémonos de misterios y vayamos al grano: al estudiar la eficien­cia de las máquinas de vapor, Carnot se dio cuenta de que no todo el calor generado por combustión en las máquinas era convertido en trabajo, es decir, ninguna máquina de vapor es cien por ciento eficiente. Pero ya hemos dicho antes que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Si esto es cierto, ¿qué pasa con el calor que no es convertido en trabajo, adonde va a dar?

Vilar Compte, Ramón, Catálisis: la magia de la química, UNAM, México, 2000, p.19.

Fragmento B

Franz Boas fue la figura en torno a la cual se aglutinó la producción antropológica norte­americana entre finales del siglo pasado y principios de éste, en el marco de una corriente que a la postre dio en llamarse Particularismo Histórico, la cual dominó el panorama antropológico de los Estados Unidos a lo largo de los primeros cincuenta años de este siglo. Si bien identificar a toda una escuela de pensamiento con la figura de su principal autor es peligroso, pues puede caerse en simplificaciones que distorsionen la compleja reali­dad de las corrientes intelectuales, en este caso se puede afirmar que la influencia de Boas sobre la antropología norteamericana fue decisiva.

Hernández Soriano, C. H. y Martínez, J., “El particularismo histórico”, en Lischetti, M. (comp.), Antropología, Buenos Aires, Eudeba, 2004, p. 142.

9. En el fragmento siguiente, trate de encontrar y marcar alguna de las características de los textos de estudio que se han mencionado antes, por ejemplo, el léxico.

El quehacer del científico social no consiste en una mera aplicación de métodos y técnicas de recolección de datos, sino que está íntimamente relacionado con la teoría, en tanto que la práctica científica permite contrastar teorías, y esa contrastación puede llevar a una reformulación de las mismas. En ese sentido, hay una producción permanente de teoría, pero a su vez, son las teorías las que brindan el marco referencial, el modelo conceptual de donde el investigador obtiene las categorías de análisis que utilizará.

Piaña, G., “Algunos conceptos metodológicos básicos”, en González, M. C. (comp.),
Temas de pensamiento científico, Buenos Aires, Eudeba, 2002, p. 113.

10. Lea los fragmentos siguientes y marque las partes del texto que se refieren a los hechos y las que se refieren a los conceptos abstractos.

Historia social e ideologías de las sociedades

Es evidente que la historia de las sociedades debe fundarse en un análisis de las estructu­ras materiales. La organización de los grupos, de las comunidades familiares o de vecindad, de las asociaciones, de las bandas, de las compañías, de las sectas, de la índole y el vigor de los lazos que los han reunido, la situación de los individuos en esta red de relaciones, su posición en el seno de una jerarquía compleja de estratos superpuestos; la distribución de poderes entre ellos no puede ponerse claramente de manifiesto sin que se reúnan previa­mente todos los indicios que permiten reconstituir los componentes del espacio que los hombres han ocupado, ordenado y explotado, percibir el sentido de los diversos movimien­tos que determinaron la evolución del poblamiento, definir el nivel de las técnicas de pro­ducción y comunicación, entender de qué manera se encontraban repartidas las tareas, las riquezas y los beneficios y cómo se utilizaron los excedentes. De hecho, el amplio desarrollo de la investigación histórica durante los últimos tres decenios en los campos de la econo­mía, la demografía y, más recientemente, la ecología, ha estimulado los primeros progresos de la historia social. No obstante, es no menos evidente que la prosecución de estos pro­gresos depende de la elaboración de nuevos cuestionarios, de una relectura de los documentos y de la explotación de nuevas fuentes, del reconocimiento y de la prospec­ción de nuevos campos de investigación. En efecto, para comprender la ordenación de  las sociedades humanas y para discernir las fuerzas que las hacen evolucionar, importa prestar atención a los fenómenos mentales, cuya intervención es incontestablemente tan determinante como la de los fenómenos económicos y demográficos.

Georges Duby, “Historia social e ideologías de las sociedades”,
en Sociología. Material de Cátedra, Buenos Aires, p.  170.

Presidencia de Roque Sáenz Peña y de Victorino de la Plaza (1910-1918)

La oligarquía, que había gobernado sin sobresaltos la mayor parte de este período, se encontró con movimientos que cada vez con más fuerza, desde distintos ámbitos y con diferentes métodos, cuestionaban la base misma de su legitimidad. Esta presión llevó al nuevo presidente a plantear una reforma electoral.

La intransigencia revolucionaria de la UCR, liderada por Hipólito Irigoyen, con su inclaudicable prédica contra el fraude y la corrupción política, le iban ganando cada vez más adeptos en una clase media deseosa de acceder al poder político. Por lo demás, lo amplio del mensaje radical hacía muy difícil disentir con él en su defensa de la Constitución y de la limpieza del sufragio.

Fracasados los intentos de la élite gobernante para hacer entrar a Irigoyen en la puja polí­tica antes de la reforma electoral, se decidió que había llegado la hora de que participaran más sectores de una parte del poder político. Se pensó que con esta medida no sólo se lograría desgastar el potencial revolucionario de la opositora UCR, sino que también se marginaría a sectores más peligrosos, como el de los obreros, que, al ser mayoritariamente extranjeros, igualmente quedaban excluidos del voto.

El reformista Sáenz Peña -cuya muerte en 1914 llevó a Victorino de la Plaza a la primera magistratura- propuso una ley electoral (1912) que otorgaba el voto secreto y obligatorio como mecanismo de auto preservación de los sectores dominantes, los que, por otra parte, no preveían el triunfo radical.

Irigoyen a su vez, se vio presionado por su partido para concurrir a elecciones una vez sancionada la ley. A su pesar, dio el visto bueno a la participación de la UCR en las elecciones provinciales de Santa Fe, que le dieron el triunfo a sus candidatos.

La reticencia del caudillo bonaerense se debía a que no estaban dadas todas las condiciones para un limpio proceso eleccionario, el cual necesitaba imperiosamente la intervención fe­deral para descartar los manejos de las oligarquías provinciales.

Para las elecciones nacionales, en 1916, Irigoyen trató nuevamente de evitar la concurrencia a las urnas, pero fue inútil; su negativa a aceptar la postulación como candidato a la presiden­cia que la Convención Nacional del partido le imponía también fue desechada. Con la célebre frase “hagan de mí lo que quieran”, el caudillo aceptó finalmente el pedido general. En abril de 1916, la UCR triunfaba en su primera elección presidencial, pero Irigoyen acce­día a la primera magistratura con un Senado opositor -sólo había cuatro radicales- y una Cámara de Diputados en la que, recién en 1918, tendría la mayoría. Belenky, S., “El orden conservador”, en Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado.

Módulo Único.  Buenos Aires, Eudeba, 2001, p.  207.

La generación del 80

En el año 1880, el país estaba listo para insertarse a pleno en la división internacional del trabajo[3]. En esa época se solucionaron problemas que durante años habían gene­rado guerras y conflictos. Federalizada Buenos Aires, nacionalizada la Aduana y de­rrotado el indio, nada impedía ya la consolidación de un régimen político oligárquico[4] liberal que iba a gobernar la Argentina por más de tres décadas.

Los hombres que se abocaron a la tarea de “modernizar” el país fueron los integrantes de la llamada generación del 80, designación que abarca a quienes actuaron en los puestos de conducción en aquel momento.

Mucho se ha debatido acerca de la existencia o no de una llamada generación del 80. Los que la consideraron como tal se basaron en el concepto de Ortega y Gasset, quien conside­raba como rasgo fundamental de una generación -unidad del devenir histórico- el tener una cultura propia con una proyección definida; cada generación tenía una vigencia de quince años, superponiéndose al comienzo y al final con las otras generaciones.

Belenky, S., “El orden conservador”, en Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado.
M
ódulo Único. Buenos Aires, Eudeba, 2001, p. 192.

11. Dos estudiantes leyeron el texto de Belenky sobre las presidencias de Roque Sáenz Peña y Victorino de la Plaza, que figura en la consigna anterior, y tomaron notas. ¿Cuál de estas dos anotaciones le parece a usted que corresponde a una lectura que sólo extrae los datos y cuál correspondería a una lectura que toma en cuenta las ideas del texto y no solo los datos? Explique el por qué de su respuesta.

Estudiante A

Durante el período de 1910-1918 la legitimidad de la oligarquía argentina se vio muy cuestionada.

Hipólito Irigoyen era el líder de la UCR, que denunciaba el fraude y la corrupción política de la oligarquía.

Irigoyen defendía la Constitución y quería que el sufragio fuera limpio y amplio. La oligarquía aceptó ampliar la cantidad de gente que podía votar, porque pensó que:

  • debilitaría el potencial revolucionario de Irigoyen;
  • los obreros quedarían lo mismo marginados del voto porque la mayoría de ellos eran extranjeros.

Saenz Peña, entonces, propuso una ley electoral, en 1912, que declaraba que el voto fuera secreto y obligatorio.

Irigoyen no confiaba en la limpieza del proceso eleccionario.

Consecuencias:

  • Irigoyen se vio obligado a concurrir a las elecciones.
  • La estrategia de la oligarquía fracasó porque Irigoyen primero ganó las eleccio­nes en Santa Fe y luego, en 1916 ganó las elecciones presidenciales, pero tenía un Senado opositor.

Recién en 1918, Hipólito Irigoyen tuvo la mayoría del Senado a su favor.

Estudiante  B

Durante el período 1910-1918, la oligarquía había dominado sin sobresaltos. Irigoyen cuestionaba el fraude y la corrupción política.

En 1912, Saénz Peña propuso una ley electoral para que la gente votara en secreto y obligatoriamente.

Saénz Peña   falleció en 1914 y lo sucedió Victorino de la Plaza. Irigoyen ganó las elecciones provinciales de Santa Fe.

En abril de 1916, Irigoyen trató otra vez de que la gente no votara. Después dijo “hagan de mí lo que quieran” y logró ser presidente.

En el Senado había cuatro radicales.

En 1918, Irigoyen tuvo la mayoría en el Senado.

12. ¿Por qué cree usted que, en este caso, extraer los datos históricos del texto no es suficiente? ¿Qué es lo que el estudiante B no agregó a esos datos? ¿Por qué era impor­tante hacerlo?


  1. Este tipo de lectura, en realidad, no es privativo de estos niveles de aprendizaje.
  2. Hay textos de divulgación académica, que no es masiva. Son textos que ponen los conocimientos científicos al alcance de personas que, aunque no sean expertos especializados, tienen algunos conocimientos del tema. En cambio, los de divulgación masiva son de tipo periodístico y están destinados al público en general.
  3. Organización de la economía a escala mundial, consolidada durante el siglo pasado, por la que las naciones industrializadas se reservaron la producción de manufacturas dejando a las zonas no desarrolladas del mundo el rol de abastecedoras de materias primas.
  4. Adjudicamos a este concepto las características de concentración del poder político y económico en manos de una élite.